ABRIK, el proyecto que acompaña

Vilanova i la Geltrú, 1 de julio de 2022

Anais Castro, psicóloga del Instituto Psicológico Arrels

El proyecto ABRIK es un programa de intervención psicológica dirigido desde el 2021 por el Instituto Psicológico Arrels y desarrollado por el Ajuntament de Cubelles desde el año 2019 dentro del programa de atención a niñas y niños víctimas de violencia machista, promovido por la Regidoria d’Igualtat.

El programa, aparte de la atención y acompañamiento psicológico a estas niñas y niños y sus madres, organiza otras actividades para trabajar la prevención de conductas violentas y contribuir a conseguir un entorno libre de violencia educando en la gestión emocional saludable.

El instituto, a través de sus profesionales Anais Castro, Miriam Morales y Sandra López, ha colaborado un año más en el desarrollo de este proyecto realizando intervención psicológica con las niñas y niños, así como acompañando a sus madres en el desarrollo de un rol marental más funcional.

Una novedad de este año han sido los grupos de gestión emocional, a través de los cuales hemos acompañado a niñas y niños en el desarrollo de estrategias de regulación emocional, sus habilidades sociales y comunicativas y la resolución de conflictos.

Miriam Morales, psicóloga del Instituto Psicológico Arrels
Sandra López, psicóloga del Instituto Psicológico Arrels

Durante todo el mes de julio continuaremos trabajando para desarrollar nuevas acciones con el objetivo de ampliar la incidencia comunitaria de este programa de cara a la próxima temporada.

Si desea conocer un poco más este proyecto le adjuntamos el enlace la entrevista que el Canal Blau hizo a las profesionales de Arrels:

https://canalblau.alacarta.cat/garraf-noticies/noticia/programa-de-recuperacio-psicologica-per-a-infants-i-adolescents-de-cubelles-que-han-vivit-en-entorns-de- violencia-de-genero

Grupos de Gestión Emocional

Vilanova i la Geltrú, 1 de marzo de 2022

Sandra López, psicóloga del centro, colabora desde 2021 con el SIAD GARRAF (Consejo Comarcal del Garraf) en un proyecto de atención a menores en situación de violencia.

Este programa engloba acciones de intervención psicológica y también acciones de prevención de las conductas violentas.

Si deseas escuchar la tarea que realizan en el GRUPO DE GESTIÓN EMOCIONAL en el municipio de Olivella, aquí puedes escucharlo (en catalán):

https://canalblau.alacarta.cat/fetamida/tall/taller-de-suport-emocional-per-a-infants

La caja tritura-miedos

El miedo es una de las emociones adaptativas con más valor para las personas. Nos ayuda a prevenir posibles peligros y a prepararnos para situaciones conflictivas o difíciles. Durante el desarrollo los miedos van cambiando, pasando por distintas etapas.

Es frecuente que los más pequeños presenten dificultades para dormir solos debido a miedos que son normativos para su edad, miedos que irán disminuyendo a medida que vayan pasando los años.

Es importante que por muy irracional que nos parezca respetemos y aceptemos sus miedos sin quitarle importancia y que les podamos acompañar ofreciéndoles seguridad. No debemos criticarlos o ridiculizarlos por sus miedos, ni exponerlos directamente a sus temores, el acercamiento paulatino en nuestra compañía les hará sentirse más seguros y capaces.

El refuerzo positivo, reconociendo sus logros, y el modelado, mostrándole cómo nos exponemos a sus miedos sin que nada suceda, son grandes aliados para su superación.

Una actividad que podemos realizar con ellos y les ayudará a disminuirlo es: la caja tritura-miedos.

La caja tritura-miedos permite construir un invento capaz de hacer desaparecer sus angustias y pensamientos negativos. Construirlo a tu lado le servirá para sentirse acompañado y apoyado por ti, le dará seguridad y fortalecerá su confianza en sí mismo.

Para construir esta caja podéis seguir los siguientes pasos:

– Busca una caja de tamaño medio (tipo caja de zapatos) y fórrala con el papel que tu hija o tu hijo elijan. Decórala con símbolos, escribe su nombre (haciendo alusión a su función: caja come-miedos o trituradora de miedos) y explícale que esa caja se «comerá» el miedo que siente y lo hará desaparecer.

– Dile que imagine a ese monstruo que le da tanto miedo (o cualquier cosa que se lo produzca)  y lo dibuje. Una vez dibujado pídele que haga con ese “monstruo” lo que quiera hacer para ahuyentarle: rallar encima, romperlo a trocitos, pisarlo, arrugarlo, etc. Mientras le decís frases como “vete de aquí” “no me das miedo” “no quiero que mes asustes más”.

– Meted los trozos de papel en la caja mientras le dices: “Poco a poco esta caja triturará al monstruo y lo hará desaparecer, verás”. Id revisando el contenido de la caja  hasta que tu hija o hijo vea como poco a poco los papeles van desapareciendo (después de haber ido sacando los trozos sin que os vean) hasta que podáis decidle: “Ves, ya no queda nada del monstruo. Ahora podrás dormir tranquila y tener bonitos sueños”   

¿Qué es la dislexia?

Meritxell Gargallo Rovira. Logopeda en el Institut Psicològic Arrels

La dislexia es una condición que perjudica la adquisición de aprendizajes ya que afecta a las habilidades necesarias para el adecuado desarrollo de la lectura y la escritura.

Las personas con dislexia se caracterizan por tener una inteligencia promedio o normal, oportunidades socioculturales de aprendizaje y no tener dificultades físicas (visuales o auditivas) que puedan ocasionar problemas lectores.

Las dificultades lectoras que presentan las personas con dislexia se manifiestan por déficits en la adquisición de la lectura y en la lectura fluida de palabras y textos pero también afecta el desempeño en otras tareas vinculadas con la lectura, como puede ser la comprensión lectora, la adquisición de vocabulario, la ortografía o los aprendizajes que implican el uso de la memoria verbal como recordar los nombres de las letras, los meses del año o las tablas de multiplicar.

Características de la dislexia

La dislexia es una condición de origen neurobiológico que puede ser detectada en edad temprana por características particulares que aparecen en pruebas específicas. Las niñas y niños en etapa escolar se muestran más expuestos a la dificultad, pero eso no significa que desaparezca pasada esta etapa.

Sus principales características son:

  • Las niñas y niños con dislexia generalmente muestran dificultades en el lenguaje, así como en las funciones ejecutivas (atención, organización y planificación).
  • No es sinónimo de déficit intelectual.
  • Su prevalencia dentro de las aulas es de un 10%.
  • Según algunos estudios, se observa un componente genético. Es decir, hijos de padres con dislexia tienen un riesgo más alto de presentar el trastorno.
  • Es un trastorno que persiste en el tiempo. Su evolución dependerá de la precocidad del diagnóstico y del tratamiento y las adaptaciones que se lleven a cabo en la escuela y en casa.

La dislexia no es una enfermedad

No entendemos la dislexia como una “enfermedad” sino como una “condición”.  En las personas con dislexia, tal y como muestran los estudios de neuroimagen, el desarrollo cerebral tiene unas características distintas al desarrollo que tiene en la persona sin dislexia.

Las zonas cerebrales que se activan ante el acto lector son distintas en unas y otras personas, condición que implica que algunas tareas resulten más o menos complejas de realizar.

El hecho de que la enseñanza formal este basada en el proceso lectoescritor para la adquisición de aprendizajes dificulta a la persona con dislexia su desarrollo escolar, afectando a su calidad de vida y también a su nivel de aprendizaje.

Por otro lado, hay estudios que demuestran que en muchos casos las personas con dislexia tienen ventaja en tareas que implican percepción visioespacial, habilidad constructiva o pensamiento creativo.

Algunos signos de alerta según la edad

Dada la importancia de la detección precoz a continuación os dejamos algunos signos de alerta que os ayudarán a identificar una posible dislexia en los más pequeños:

CICLOSEÑAL DE ALERTA
FINALES DEL CICLO INFANTIL (5 AÑOS)  Antecedentes familiares que hayan mostrado dificultades en la lectura y escritura.Dificultades para detectar el sonido de inicio o final de una palabra.Muestra problemas para componer palabras de 2 a 4 sonidos.Poca fluidez en el lenguaje expresivo.
CICLO INICIAL (6-7 AÑOS)Hay diferencia entre las habilidades cognitivas y el rendimiento en los aprendizajes.Tiene dificultades a la hora de manipular y utilizar los sonidos y asociarlos a grafías.Realiza muchos errores a la hora de leer y de escribir, sobre todo dejarse letras (omisiones), añadir cuando no toca (adiciones) o sustituciones.Su lectura puede ser muy lentaTiene dificultades para deletrear las palabras.  
CICLO MEDIO (8-9 AÑOS)Muestra dificultades en la comprensión lectora.Aparecen problemas en el aprendizaje de conceptos matemáticos como las tablas de multiplicar, problemas matemáticos, secuencias …Hay diferencia entre la capacidad oral y la expresión escrita.Muestra muchos errores ortográficos, tanto en otrogrfía natural como arbitraria.Tiene un ritmo de lectura bajo en comparación con los niños de la su edad.
CICLO SUPERIOR (10-12 AÑOS)Le cuesta ordenar la información cronológicamente.No ha terminado de lograr reglas básicas de la ortografía arbitraria.Comete muchos errores en la mecánica lectora y en la escritura.Le cuesta estructurar las ideas en un texto escrito.

¿Cómo podemos ayudar a un niño con dislexia?

La intervención con un niño con dislexia, o que presente cualquier otra dificultad dentro o fuera del aula debe ser temprana y multidisciplinar.

Una vez realizado el diagnóstico por un equipo profesional y multidisciplinar especializado, se establecerá un plan de trabajo basado en las dificultades de cada niño/a  pero también en sus habilidades para establecer una intervención que implique tanto a la familia, la escuela y todos los profesionales implicados, así como a la niña o el niño mismo ya que es esencial que ellos mismos comprendan sus dificultades pero también sean conscientes de sus fortalezas para que emocionalmente puedan gestionar de forma más adecuada las situaciones cotidianas.

A nivel familiar debemos implicar y empoderar a la familia, sobre todo haciéndola consciente de las dificultades y las habilidades del niño/a y estableciendo herramientas o dinámicas que faciliten la motivación para la lectura y la escritura en casa.

En el ámbito escolar será necesario trabajar coordinadamente y especificar las adaptaciones en la metodología que sean necesarias en actividades dentro del aula. Es importante trabajar de forma coordinada para gestionar las diversas situaciones en las que pueden mostrar dificultades respecto a sus iguales.

Si tienes dudas, o queréis consultarnos algún aspecto relacionado con este artículo puedes contactar con nosotros en info@arrelspsicologia.com

La importancia del vínculo afectivo entre padres e hijos

Carmen Peiró Canals . Psicóloga infanto-juvenil en el Institut Psicològic Arrels

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La forma en la que padres e hijos construyen su relación desde el inicio influye en el desarrollo del niño, sobre todo en el plano de la identidad personal y relacional. La manera en la que se establece el lazo afectivo con los hijos va a generar un vínculo emocional concreto con ellos. Este vínculo dará lugar a que el niño cree un modelo mental de relación específico que actuará como guía para establecer otro tipo de relaciones sociales.

Este lazo afectivo, es lo que Bowlby en 1969 desarrolló en la teoría del apego, en la que defendía que existe un vínculo afectivo de los hijos con sus cuidadores principales. Este vínculo está marcado por una conducta de esfuerzo en la que el niño intenta mantener la proximidad con ellos y el contacto sensorial, así como por la exploración del mundo a través de la relación con ellos y la ansiedad que se produce al separarse el niño de sus cuidadores. La figura de apego se establece, así, como su base de seguridad, buscando su apoyo emocional en ella en caso de sentirse amenazado.

El apego es una relación necesaria para formar la identidad del niño e influirá en la forma en la que se valore a sí mismo y a los demás. El apego nace durante los primeros años de vida y se desarrolla a través de la forma en la que responde la figura de apego ante las demandas del niño, así como del tiempo que pasa desde que se produce la demanda hasta que finalmente responde ante ella. Si la respuesta es cálida e inmediata, próxima al niño, favoreciendo además el contacto sensorial con él, se logra establecer un apego seguro.

El establecimiento de un apego seguro es especialmente relevante para la formación de nuevas relaciones en la adolescencia y en la adultez, aunque se acabará de determinar a través de nuestras experiencias personales. Los niños con un apego seguro tienen más probabilidades de establecer relaciones positivas con los demás marcadas por la confianza, la seguridad y la empatía, así como de desarrollar estrategias emocionales adecuadas.

Sin embargo, si el niño no se siente seguro respecto al principal cuidador, pueden estar interviniendo dos tipos de apego que pueden llegar a favorecer la inseguridad de las relaciones futuras, aunque con diferentes matices: se trata del apego ansioso-ambivalente y del apego inseguro-evitativo.

Si los padres no suelen estar disponibles y no responden ante las demandas del niño, éste tenderá a evitar o a ignorarlos, desarrollando el apego evitativo. Se centrará más en el juego que en interactuar con ellos. Se mostrará como un niño autónomo, independiente y con una falsa seguridad que le llevará a contener expresiones como la tristeza o el enfado, pudiendo estallar de manera impredecible. Suele ocurrir cuando hay un cuidado distante que crea un conflicto en el niño ya que no se le da validez a su afecto ni se le ayuda a manejar ese conflicto.

Por el contrario, si los padres impiden que el niño sea autónomo y explore el mundo a través de ellos, mostrándose inseguros en su cuidado, habrá reacciones emocionales que buscarán la atención constante de los padres. Habrá una dependencia excesiva hacia ellos y el niño responderá de forma inmadura.  Cuando la figura de apego se aleje, el niño se mostrará inquieto, pero cuando vuelva, aunque parezca que se muestre próximo a ella, podrán llegar a no querer el contacto físico ya que se sentirán molestos porque se haya ido.

Si los niños que han desarrollado estos tipos de apego con las principales figuras familiares recrean y reafirman este apego con otras relaciones externas, los patrones de relación pasarán por crear relaciones marcadas por una excesiva dependencia, en el caso del apego ansioso, o por la frialdad y una excesiva autonomía, en el caso del apego evitativo.

En el caso del apego evitativo, las relaciones tenderán a ser huidizas en la intimidad, se sentirán incómodos con ella y evitarán depender de nadie. El hecho de haber recibido durante la infancia el mensaje de que las necesidades propias no cuentan, favorece el rechazo y la frialdad ante los demás, ya que habrán aprendido a no confiar en nadie y que lo que ellos quieren no importa.

En el caso del apego ansioso, las relaciones estarán marcadas por una dependencia excesiva y por el miedo al abandono, buscando una intimidad extrema con los otros. Las relaciones se suelen caracterizar por lo celoso y lo obsesivo, ya que en la infancia el mensaje recibido ha sido que los padres eran injustos porque las necesidades no contaban siempre de la misma manera. Como las necesidades contaban unas veces sí, y otras no, han aprendido que al exagerarlas siempre se cubren, con lo que necesitan reasegurarse constantemente de que tienen la validación por parte del otro.

Por tanto, la manera en la que los padres establecen la relación con los hijos desde que nacen, contribuye a que puedan llegar a desarrollar un autoconcepto positivo. Pero no solo eso, sino que también influirá en el concepto que desarrollen tanto de los demás, como de la pareja en la adultez.

Si se desarrolla un apego seguro en la infancia, el autoconcepto tenderá a estar marcado por la seguridad y la confianza. Además, desarrollarán estrategias emocionales adecuadas, empatía y tendrán mayores facilidades a la hora de relacionarse con los demás. Respecto al concepto de la pareja, tendrán mayores probabilidades de sentirse cómodos en las relaciones y serán capaces de confiar en los demás, mostrándose confiados en ellas. 

De todo ello radica la importancia de crear un vínculo afectivo con el niño que les transmita seguridad. Si se les muestra calidez, que sus demandas importan y hay proximidad con ellos, aprenderán a tener confianza en sí mismos. Aprenderán a explorar el mundo por sí solos de forma autónoma, y a pedir ayuda cuando la necesiten ya que serán capaces de confiar en los demás. Para ello, será importante transmitirles diariamente que sus necesidades son importantes, que estamos disponibles para atenderlas y que no se les abandonará cuando más lo necesiten.

Referencias bibliográficas

Arranz, E. (1998). Modelos de desarrollo psicológico humano. Psicología evolutiva contemporánea: etología. País Vasco: Servicio editorial de la Universidad del País Vasco.

Bowlby, J. (1969). Attachment and loss (Vol. 1). Londres: Hogarth Press.

Bowlby, J. (1976). El vínculo afectivo. Buenos aires: Paidós.

Kagan, J. (1984). El niño de hoy, desarrollo humano y familia. España: Espasa.

Estoy triste (y no me gusta)

La pasada semana mi hijo me dijo:

— Mama, estoy triste y no me gusta. Las emociones son un asco.

Mi hijo tiene esa edad en la que las emociones se viven con intensidad pero es cierto (¡tiene razón!), que nuestras emociones se desborden y nos lleven a lugares en los que no nos sentimos seguros, no es agradable.

Eso no quiere decir que no tenga un sentido.

— Las emociones nos permiten adaptarnos. Es por eso que han sobrevivido a años de evolución en nuestra especie— le dije —Sentir tristeza nos da información sobre cosas que necesitamos saber. 

Me miró intentando comprender pero en sus ojos se reflejaba el desconcierto: — ¿Me estás diciendo que estas ganas de quedarme en pijama todo el día y no hablar con nadie me informan de algo? ¿Intentas decirme que estas ganas de llorar son útiles? ¿O este nudo del estómago? ¿Estas ganas de hacerme un ovillo y suspirar me sirven de algo?  

Y, claro que la tristeza implica todo eso. Y no nos gusta. Y también nos lleva a la apatía, a la falta de motivación, a veces incluso al llanto o a querer esconder la cabeza debajo del ala y todo eso… ¡no es agradable! Aunque el hecho de que no nos guste sentirnos así no quiere decir que no tenga una utilidad.  

La tristeza es la emoción que acompaña a las pérdidas significativas. Nos sentimos tristes cuando perdemos a alguien importante pero también cuando sentimos que las cosas cambian y ya no van a ser como hasta ese momento habían sido.

Nos entristece la pérdida de un trabajo, una mudanza, la ruptura de una relación o una mala noticia sobre nuestra salud. Un accidente, cuando nuestro cuerpo cambia y sentimos que ya no será como antes, la pérdida de belleza o sentir que perdemos libertad o tiempo, también nos entristece.

Pero — ¿Para qué necesito la tristeza, mama? ¿En qué me ayuda sentirme así?

La tristeza suele ser una emoción incomprendida. No solemos percibirla como una aliada pero la tristeza, si la analizamos en profundidad, nos informa de qué es lo que estamos necesitando y qué cosas son buenas para nosotros

La tristeza se postula como una de las emociones necesarias para transitar los cambios, nos obliga a pasar más tiempo a solas con nosotros mismos y a reflexionar sobre nuestras verdaderas necesidades.

Como la tristeza no es una emoción bien acogida, en general, hay pocas situaciones en las que se nos legitime sentirnos tristes. Se nos permite estar tristes un tiempo ante una pérdida importante o una ruptura significativa, aún y así, el tiempo de licencia social para estar triste es corto. Normalmente sentiremos que no tenemos permiso para sentirnos tristes lo que implicará que nuestra tristeza se vaya acumulando sin permiso para ser expresada y sentida. 

La tristeza no viene a hacerte daño, viene a facilitarte un espacio para ti.

La tristeza es como un río. Si sigue su cauce puede llegar al mar pero si construimos diques acabará desbordándose y arrasando todo a su alrededor. Cuando sentimos tristeza y no nos permitimos darle su espacio, esa tristeza se queda en nosotros, no se libera. Y con el paso de los años nos acaba asando factura.

— Y ¿entonces qué hago? ¿llorar y ya está?

— Llorar nos ayuda ¡claro que sí! Tal vez también te ayude si me quedo aquí a tu lado mientras lo haces, en silencio (sosteniendo su dolor). O, si te apetece, puedes escribir una carta a tu tristeza…

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