Infantil y Juvenil

La importancia del vínculo afectivo entre padres e hijos

Carmen Peiró Canals . Psicóloga infanto-juvenil en el Institut Psicològic Arrels

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La forma en la que padres e hijos construyen su relación desde el inicio influye en el desarrollo del niño, sobre todo en el plano de la identidad personal y relacional. La manera en la que se establece el lazo afectivo con los hijos va a generar un vínculo emocional concreto con ellos. Este vínculo dará lugar a que el niño cree un modelo mental de relación específico que actuará como guía para establecer otro tipo de relaciones sociales.

Este lazo afectivo, es lo que Bowlby en 1969 desarrolló en la teoría del apego, en la que defendía que existe un vínculo afectivo de los hijos con sus cuidadores principales. Este vínculo está marcado por una conducta de esfuerzo en la que el niño intenta mantener la proximidad con ellos y el contacto sensorial, así como por la exploración del mundo a través de la relación con ellos y la ansiedad que se produce al separarse el niño de sus cuidadores. La figura de apego se establece, así, como su base de seguridad, buscando su apoyo emocional en ella en caso de sentirse amenazado.

El apego es una relación necesaria para formar la identidad del niño e influirá en la forma en la que se valore a sí mismo y a los demás. El apego nace durante los primeros años de vida y se desarrolla a través de la forma en la que responde la figura de apego ante las demandas del niño, así como del tiempo que pasa desde que se produce la demanda hasta que finalmente responde ante ella. Si la respuesta es cálida e inmediata, próxima al niño, favoreciendo además el contacto sensorial con él, se logra establecer un apego seguro.

El establecimiento de un apego seguro es especialmente relevante para la formación de nuevas relaciones en la adolescencia y en la adultez, aunque se acabará de determinar a través de nuestras experiencias personales. Los niños con un apego seguro tienen más probabilidades de establecer relaciones positivas con los demás marcadas por la confianza, la seguridad y la empatía, así como de desarrollar estrategias emocionales adecuadas.

Sin embargo, si el niño no se siente seguro respecto al principal cuidador, pueden estar interviniendo dos tipos de apego que pueden llegar a favorecer la inseguridad de las relaciones futuras, aunque con diferentes matices: se trata del apego ansioso-ambivalente y del apego inseguro-evitativo.

Si los padres no suelen estar disponibles y no responden ante las demandas del niño, éste tenderá a evitar o a ignorarlos, desarrollando el apego evitativo. Se centrará más en el juego que en interactuar con ellos. Se mostrará como un niño autónomo, independiente y con una falsa seguridad que le llevará a contener expresiones como la tristeza o el enfado, pudiendo estallar de manera impredecible. Suele ocurrir cuando hay un cuidado distante que crea un conflicto en el niño ya que no se le da validez a su afecto ni se le ayuda a manejar ese conflicto.

Por el contrario, si los padres impiden que el niño sea autónomo y explore el mundo a través de ellos, mostrándose inseguros en su cuidado, habrá reacciones emocionales que buscarán la atención constante de los padres. Habrá una dependencia excesiva hacia ellos y el niño responderá de forma inmadura.  Cuando la figura de apego se aleje, el niño se mostrará inquieto, pero cuando vuelva, aunque parezca que se muestre próximo a ella, podrán llegar a no querer el contacto físico ya que se sentirán molestos porque se haya ido.

Si los niños que han desarrollado estos tipos de apego con las principales figuras familiares recrean y reafirman este apego con otras relaciones externas, los patrones de relación pasarán por crear relaciones marcadas por una excesiva dependencia, en el caso del apego ansioso, o por la frialdad y una excesiva autonomía, en el caso del apego evitativo.

En el caso del apego evitativo, las relaciones tenderán a ser huidizas en la intimidad, se sentirán incómodos con ella y evitarán depender de nadie. El hecho de haber recibido durante la infancia el mensaje de que las necesidades propias no cuentan, favorece el rechazo y la frialdad ante los demás, ya que habrán aprendido a no confiar en nadie y que lo que ellos quieren no importa.

En el caso del apego ansioso, las relaciones estarán marcadas por una dependencia excesiva y por el miedo al abandono, buscando una intimidad extrema con los otros. Las relaciones se suelen caracterizar por lo celoso y lo obsesivo, ya que en la infancia el mensaje recibido ha sido que los padres eran injustos porque las necesidades no contaban siempre de la misma manera. Como las necesidades contaban unas veces sí, y otras no, han aprendido que al exagerarlas siempre se cubren, con lo que necesitan reasegurarse constantemente de que tienen la validación por parte del otro.

Por tanto, la manera en la que los padres establecen la relación con los hijos desde que nacen, contribuye a que puedan llegar a desarrollar un autoconcepto positivo. Pero no solo eso, sino que también influirá en el concepto que desarrollen tanto de los demás, como de la pareja en la adultez.

Si se desarrolla un apego seguro en la infancia, el autoconcepto tenderá a estar marcado por la seguridad y la confianza. Además, desarrollarán estrategias emocionales adecuadas, empatía y tendrán mayores facilidades a la hora de relacionarse con los demás. Respecto al concepto de la pareja, tendrán mayores probabilidades de sentirse cómodos en las relaciones y serán capaces de confiar en los demás, mostrándose confiados en ellas. 

De todo ello radica la importancia de crear un vínculo afectivo con el niño que les transmita seguridad. Si se les muestra calidez, que sus demandas importan y hay proximidad con ellos, aprenderán a tener confianza en sí mismos. Aprenderán a explorar el mundo por sí solos de forma autónoma, y a pedir ayuda cuando la necesiten ya que serán capaces de confiar en los demás. Para ello, será importante transmitirles diariamente que sus necesidades son importantes, que estamos disponibles para atenderlas y que no se les abandonará cuando más lo necesiten.

Referencias bibliográficas

Arranz, E. (1998). Modelos de desarrollo psicológico humano. Psicología evolutiva contemporánea: etología. País Vasco: Servicio editorial de la Universidad del País Vasco.

Bowlby, J. (1969). Attachment and loss (Vol. 1). Londres: Hogarth Press.

Bowlby, J. (1976). El vínculo afectivo. Buenos aires: Paidós.

Kagan, J. (1984). El niño de hoy, desarrollo humano y familia. España: Espasa.

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